Lados Opuestos - Final .


Antes que nada... No lean este texto si no leyeron las dos partes anteriores, o sí, pero no creo que le encuentren mucho atractivo.

Señoras, señores... El final.-

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-Mentiras.- Me confesó mientras narraba la historia, no tenía idea de qué hacer, pero siempre es bueno tener en qué creer, ¿No?- Me miró sonriendo y continuó con su relato.

Los golpes se oían más y más cerca, más y más fuerte.

-Voy a necesitar que confíes en mí.- Pidió con tono de súplica.

-¿Hay otra opción?- Replicó nerviosa Alma

-Claro que la hay, podríamos esperar quizás 20 horas hasta que estemos seguros de que el “peligro” pasó, o cuarenta y ocho horas hasta que alguien venga a la iglesia, no sería ningún problema.- Se puso cómodo entre algunos libros y sonrío sabiendo que ella no lo miraba.

Un suspiro de ofuscación se oyó y ella preguntó.

-¿Qué es lo que tengo que hacer?- Sonando resignada.

-Cuando yo salga por esa puerta vas a trabarla y vas a esconderte lo mejor que puedas.- Conozco su tono de voz cuando habla con determinación, suena tan seguro que incluso da un poco de miedo.

-¡¿Qué?!¿Est… Estás loco?¿ Salir?- Dijo desesperadamente evitando gritar, con los dientes apretados.

Intentó decir algo más, pero Will ya estaba listo para salir, cerró los ojos y tomando una gran bocanada de aire dijo:

-Pase lo que pase… Un escalofrío lo interrumpió. -… Esa puerta queda trabada, es la parte en la que necesito que confíes en mí, no es una opción, no voy a tardar demasiado en volver, pero necesito que no salgas, que no muevas esa puerta.

Lara se movió lentamente asintiendo como en contra de su voluntad, pero aceptando el esfuerzo de mi amigo por sacarla a salvo de ese lugar.
Se miraron varios segundos hasta que Will acarició muy suavemente el rostro de quien permanecía inmóvil, colmada de terror, pero que al contacto con aquel contacto cerraba sus ojos e inclinaba la cabeza para reposarla en su mano, tan lento como la acercó la alejó, él es levantaba ya dispuesto a salir, quitó la traba, se inclinó un poco para poder pasar por ella y respirando mucho más hondo que antes salió cerrando silenciosamente, sin mirar atrás, sin dejar que la duda lo dejara clavado en el lugar, sin pensar demasiado.

La leyenda urbana dice que a esa iglesia no va nadie, sino que es el mismo edificio quien tiene sus propios habitantes, que por las noches hacen travesuras en el lugar y antes de que la noche muera desaparecen sin dejar rastro, estoy seguro de que fue eso lo que lo impulsó a tomar la decisión de hacer lo que hizo, la curiosidad una vez más lo venció y fue más fuerte que la misma razón, que sus nervios, sabía que no iba a tener otra oportunidad semejante, tenía que aprovecharla.

Y según tengo entendido salió por aquella puerta sin dar un paso de temor, el aplomo con que abordó la situación espesó el aire, lo volvió palpable y Alma no tuvo más que verlo irse, dejando la habitación. Muda, esperando para trabar sin quejas, sin preguntas.
 
Así esta suerte de relato entra en su última etapa, y mi favorita. No hubo ruidos, gritos, ni golpes, no hubo más que silencio en aquella iglesia, un silencio divino, pero aterrador, desesperante, silencio.

Supe que Will, con toda su sencillez se apareció sin decir palabra desde detrás del manto rojo sangre que cortinaba la pared más alejada de la entrada con un abrecartas de plata ligeramente apoyado en su muñeca izquierda y dijo con tono ansioso, enfermizo.

-Voy a suicidarme, y ustedes no van a poder impedirlo, y si lo intentan entonces mi sangre va a manchar sus ropas y serán cómplices de mi muerte.- Cerró la frase con una carcajada que acompañaba perfectamente su rostro descolocado.

Aparentemente, la gente que atónita lo observaba no dudó y prefirió cargar con la culpa de dejar a un hombre morir solo, quitándose la vida a cargar con las posibles acusaciones generadas por el hecho de haber estado ahí durante el suicidio. ¿La gente? ¿Los ruidos? Ni una secta budú, ni adolescentes ebrios, ni fantasmagóricas apariciones, miembros de la iglesia misma, fumando marihuana, rompiendo cosas, alborotando el lugar, incluso había un fuego encendido a un lado, avivado con un atril y un banco destrozado, algo que podría haber terminado en un grave incendio. Que fueran miembros de la misma parroquia fue lo que generó que no pudieran capturarlos, al amanecer todos desaparecían, no por cansancio, no por aburrimiento, sino porque ellos mismos eran sus buscadores, conocían los momentos exactos en los que iban a ser emboscados.

Will cumplió su promesa y volvió por Alma, quien más pálida que nunca esperaba aún dónde él la había dejado, sus ojos brillaron al verle, se abrieron y emanaron una luz encandilante, de pronto, una vez más, el terror la abordó, vio sangre en el brazo de mi amigo, quien delante suyo, alto, delgado, la miraba sonriendo. Carcajeó y le dijo.

-Creo que mi intención de causar impresión fue más fuerte que mi cautela.- Y le guiñó un ojo sin dejar de sonreír de lado.

Conozco esa cicatriz, la recuerdo porque cuando la vi por primera vez intenté saber su procedencia y recibí un “Larga historia.” Como respuesta. Hoy conozco esa larga historia, no me fue contada por casualidad, o quizás sí, ya que sólo unas horas antes de oírla por primera vez conocí a Liz, una niña hermosa, quien fue bautizada en aquella iglesia por su madre Lara, una mujer hermosa como pocas. Alma, quien tuvo una intensa plática con quien alguna vez supo sacarla de aquel apuro, conversación que presencié y en la que ella sin detallar demasiado, me contó su porción de historia, motivo por el cual cuando Will y yo emprendimos la caminata me sentí obligado a indagar hasta conocer la anécdota por completo.

Alma me explicó que su hija fue llamada Liz en honor a un símbolo, a un gran amor, pero Will nunca quiso contarme qué pasó desde el día en que ellos dos se conocieron, hasta el día en que se reencontraron en aquella iglesia.


                                                                    Fin.


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Ante todo me gustaría agradecer infinitamente a la gente que me alentó e incentivó para subir este texto, tenía mis dudas con respecto a si iba a gustar o no, pero ellas me dieron las ganas, la confianza, gracias a las tres personas que la leyeron antes de decidirme a publicarla, ustedes saben quienes son, a ellas sumo a la rubia, que ya conocía la historia y ni bien la leyó por primera vez hace ya algún tiempo me dijo mil veces que tenía que terminarla y postearla.

Gracias a los que la han leído en el blog, parte por parte, a los que me pidieron que me apure para subir el resto porque querían saber cómo terminaba, espero hayan disfrutado del final y por supuesto del texto completo.

Hoy es otro día con sabor a nostalgia, hoy es otro día que me llena de sonrisas, hoy quiero agradecerle a la vida por tantas satisfacciones, a la historia por tanto que recordar, al destino por tantas vueltas.

Gracias por dejarme seguir siendo su Tigre, su ángel, su santo, seguir siendo yo.



Will.-

3 comentarios:

  1. no solo un gran texto sino tambien muy lindas fotos !! se te quiero mucho N ♥

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  2. Hermosa historia,hermosa Liz,hermosa tu manera de relatarla,hermosas las sensaciones que me causo leerla.cuanta emocion,cuanta calle pisada,te amo tanto..a pesar de conocerla y de haber firmado la primer parte queria estar aca tambien ahora que esta temrinada,felicitaciones por algo tan precioso.me levanto y te aplaudo Tigre.NATY-

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  3. Nono... Gracias a vos por ser Tigre, por Ángel y Santo, y sobe todo gracias por ser Guille.
    Que decirte sobre el texto? Si me gustó desde el principio y lo sabés...
    Te adoro, felicidades por postearlo, por animarte a subirlo y estar orgulloso de que sea tuyo.
    Besos, seguí así con el blog. Muacks!

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