Un ángel.

Alcanzo mi primer destino, la estación, me siento, prendo un cigarrillo, cruzo mis piernas y suelto el humo como en un suspiro, mirando hacia arriba.
Una anciana regaña a su nieto por recoger un antiguo boleto de algún “ex – pasajero” o, tal vez, un descuidado más; a mi lado, una muchacha toma asiento, saca de un pequeño bolso negro un anotador y una lapicera con motivos festivos, busca una hoja en blanco entre cientos de textos escritos en verso, empieza a escribir y una lágrima golpea el papel estallando en mil partes más.
El tiempo pasa como siempre, no lo sé exactamente, sólo lo siento, percibo cómo cada segundo corre por cada letra que ella, la señorita de al lado, talla en su hoja, apuñalándola cuando marca un punto y acariciándola cada vez que dibuja una mayúscula.
Ya no sé si llora, la danza que efectúa su mano me tiene cautivado, eso, y el mórbido impulso de seguir leyendo su descargo, su enfadada confesión.
La gente se moviliza hacia el borde del andén, huyendo hacia las vías, en una especie de ritual contemporáneo. Nosotros, por alguna extraña razón, no nos inmutamos a pesar de de saber que el arribo del tren está próximo, somos presa de la fluidez y naturalidad con que cada renglón se atesta de reproches al amor, de despecho e ira.
La bocina de la locomotora nos despierta de aquel hermoso estado y, como si lo hubiéramos ensayado durante horas, miramos pasar cada vagón con recelo, nos levantamos, y volvemos a sentarnos.
Ella da vuelta el baúl de papel, una nueva página comienza, pero no una nueva historia, es increíble ver cómo sin mirar cual fue la última palabra que escribió, sigue el hilo del texto a la perfección.
Con la mayor velocidad posible busco, saco y enciendo un cigarrillo más, volteo nuevamente para seguir leyendo y un escalofrío recorre mi espalda cuando noto que mi compañera de banco dejó de escribir hasta que estuve en condiciones de continuar con mi lectura y, todo eso, sin girar siquiera para mirarme.
A modo de alerta, de aviso, apoyo el mentón sobre la palma de mi mano derecha, mientras con la izquierda sostengo el cigarrillo, el único testigo presencial de estos sucesos.
Vuelvo a caer hipnotizado por su sutil y profunda manera de deslizar su mano sobre el anotador, colmando de tinta el lugar, elevándome a su realidad, haciéndome partícipe de su vida al menos por ese instante.
El río de palabras aminora su marcha, se detiene un segundo o dos – Tiempo suficiente para ver que ya no llora – y retoma con más énfasis la escritura.
El andén va llenándose de gente una vez más, no nos importa nada, ni los niños que pasan corriendo frente a nosotros, ni los ladridos de los perros hacia el cafetero, ni el diariero que a los gritos informa el stock de ese momento.
Las primeras gotas de lluvia se hacen notar golpeando contra el techo y en pocos segundos calman el jugar de los niños que aún corren, pero para abrazar a sus madres, el ladrido de los canes que se refugian junto a una puerta que siempre está cerrada y los gritos desaforados del canillita que ahora susurrando blasfemias al clima tapa con algunos “nylons” transparentes lo que a la vista de los potenciales compradores se encuentra. Pero no sólo en la estación llueve, mi anfitriona transporta, fortalece y potencia la tormenta a su redacción, volviendo así todo un poco más lúgubre y sombrío.
De pronto me doy cuenta que otro tren se fue, que no oí su llamada, que ella no intento siquiera advertirme y que mucho menos atinó a abordarlo.
Cuando por fin estaba convenciendo a mi cuerpo de levantarse para poder así, de una vez por todas, emprender viaje, una frase en su texto me hizo desistir de la idea…
“Podría lanzarme bajo el próximo tren, si el impacto del sólido hierro no se ocupa, las pesadas ruedas de seguro harían el trabajo”… Y seguía…” ¿Por qué me cuesta tanto? No puedo echarme atrás, ya llegué hasta acá, estoy harta de dudar, debería haber optado por el arma, todo hubiera sido mas fácil”…
Sentí miedo, sentí impotencia, ira, duda, sentí por fin al leer lo que ella sentía al escribir, temblé y por Motus propio, una lágrima se desplazo por mi mejilla hasta reposar en mi mano, volví a temblar, esta vez con mayor intensidad… Leí… “Él me está observando, es un silente lector de mis penas mas profundas, y sin embargo no huyó sino que por el contrario, permanece a mi lado, lloró, lo vi, lo sentí, lo sé, siente lo que siento, sufre como yo, me persuado para seguir escribiendo, desahogándome así entre sus ojos, que en una perfecta coreografía bailan al ritmo de las palabras que aquí dejo caer”…
No sé si fue valentía, temor, heroísmo o intento de homicidio pero no moví un centímetro cuadrado de mi cuerpo, a excepción claro, de mis ojos.
“¿Por qué seguís acá? ¿Por qué no me creés loca? ¿Por qué llorás conmigo y retrasás tu partida como yo lo hago? ¿Por qué parecés un ángel, te comportás como tal, pero vagás en esta Tierra colmada de males? ¿Cuál es tu misión? ¿Por qué no respondés? ¡¿Por qué?!”
¿Ángel yo? No entendía nada, durante algunos segundos de incertidumbre y desesperación dejé caer otra lágrima, pero… ¿Qué significaba ésta última? ¿Qué debía hacer? ¿Qué tal si mi decisión resultaba ser errónea y acababa por ser el gatillo que impulsara a lo peor? ¡Maldición! No sabía cómo actuar ante tal situación, en mis manos estaba la vida de una persona, ¿Podría cargar con los mil fantasmas que me perseguirían si optaba por huir? ¿Qué tal si reaccionaba y todo el texto era ficticio?



Fin de la primer parte... El Viernes la 2da...


Quiero hacer dos cosas antes de terminar la entrada, la primera, hacer una dedicatoria global, para ser un poco más preciso, quiero dedicar todo el blog, y lo que éste encierra, lo que esto significa a mi mujer, a quien cuando no inspira un texto, inspira un título, una foto, o la sensación que perciben ustedes al leerlo, siempre tiene algo que ver en todo, porque todo tiene que ver con ella en mi vida, y siento que lo que viene está de más, porque a nadie debería importarle, pero ni se gasten en decirme lo que hago bien y lo que no, lo que hace bien o lo que no, no me importa, porque ella es a quien amo, y nada va a cambiarlo. Gracias mi amor, por ser un gran motivo para seguir con esto, disfrutar la vida.Te amo.




En segundo lugar, quiero agradecer a los miembros del Grupo de FB, y a los que pasan por el blog, y comentan, o no, pero que siempre vuelven. Gracias a todos y en particular a Flops, que siempre tiene una palabra de aguante para conmigo, y una opinión sobre los textos. Sos una gran amiga, y lo aprecio muchísimo.


Gracias a todos, la 2da y última parte el Viernes. Los espero.




Will.-

2 comentarios:

  1. Uff... Gracias, que lindo de tu parte. Aunque me dan ganas de ir a buscarte para golpearte, te dije una y mil veces que no tenés nada que agradecer... Y no me vengas con "Ok, gracias, te agradezco el nada y bla, bla, bla..." ¬¬
    El texto... ya te había dicho que me encantó cuando lo leí, simplemente precioso.
    Se me acaba de ocurrir una amenaza... "Dejá de agradecer por que subo el final en forma de firma"... Mmm.. No, no es mi estilo, pero no me tientes ^^ hahaha
    Te quiero negrito, y como siempre, a esperar el próximo post.
    Besote ^^

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  2. primero, me encantó la imagen, aunque fue lo último que vi, (alguien me dijo, por no decir casi todos, que evidentemente no soy normal ¿?), y lo que ahora dejo para el final, es lo que más me gustó: el texto. Me parece, entre oraciones, haber leído algo así en uno de tus antiguos flogs, no me acuerdo bien, pero era algo así: la imagen mental del andén y el contexto..., fue todo un deja-vú. Me gustó mucho. Y esto de las segundas partes, mueve el bichito de la curiosidad y... como diría alguien que conozco muy poco, "tiene gancho", aunque dicen que las segundas partes siempre son malas (espero seas la excepción a la regla), quizás porque juega mucho papel la expectativa del lector, y toda la montaña rusa de ideas y colores y la forma en que nos apropiamos del texto, no solo lo volvemos nuestro, sino que nos escondemos en cada coma, y punto, cual recobeco; y como un espejo, nos vemos en él, nos describimos con tus-nuestras(ahora) palabras, encontramos recuerdos, y los confudimos con sueños que tuvimos, o cosas que escribimos y sentimientos que no solo alguna vez encontramos sino que degustamos y tambien nos encargamos de retorcer. Y miedo, de no saber si el que escribe quizás habla de uno, y ahi nos volvemos el centro del mundo, y después el margen otra vez, y el miedo ahora es que no seamos de quien se está hablando. Y bueno, la cabeza funciona asi. Y creo que este post es uno de esos.. que marca la revolución. Sin máas, te felicito, querido =) Muy buen post!

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