Triste Buenos Aires

Buenos Aires vibra... Ya no sé si lo que hace temblar el suelo es el subterráneo o los agitados pasos de la gente, tal vez sean las invisibles lágrimas de los otros estallando contra el suelo...
Se miran, comparten horas de su vida yendo y viniendo, están ahí los susurros de los enamorados, aquellos que viajan 30 minutos antes solo para ver a aquella mujer de quien no saben nada, sólo su rutina diaria. Veo también a aquellos a quienes la rutina se les ha vuelto en contra, ojos tristes, brazos cansados, piernas fastidiadas, para los que todo es un simple trato que cerrar, un papel que firmar, correr, llegar, fichar, ir, volver, entre eso rendir, cumplir, y después, tan solo descansar; no se dan cuenta que perdieron el amor por respirar, que actúan por la maldita inercia que los gobierna.
 A veces se ve algún nostálgico ser que recorre pasillos y veredas, con el impulso que la vida otorga, esperando ver a su pareja o mujer, su hija o hijo, su sofá predilecto o tal vez, aquella cena casera y caliente, placer de tantos.
Yo, por mi parte, sonriente, preocupado pero paciente y poco metódico, camino entre todos, pensando en nada, pero en todo, recordando un beso, un amor, viendo personas que más que eso parecen móviles de cuna, moviéndose al compás de un ritmo sonambulezco, de una melodía callada y ensordecedora, pensando en aquel papel que no arriva, en una estrella y los problemas, disfrutando de cada paso como si nada pasara a mi alrededor, y como no hacerlo, si en mis oídos, un filosofo contemporáneo me sugiere que imagine que no hay países, nada por que matar o morir, sin religiones. Rasgueo mi pierna robando acordes a mi pantalón, de la percusión se ocupan mis pies, y todo gira entorno a vos, a ella y a ella también, a mí, a los demás y a nadie.
Subo las escaleras al cielo y la melodía de un iluminado sigue a mi lado, siempre el Sol asomando a partir del tercer escalón, pero veo la humedad que deja la lluvia a modo de huella, sordo de cada molesto ruido que pudiera perturbar mi estado de pasividad, soy uno mas para alguno como yo, pero en el fondo aquel sabe que somos iguales, que no tenemos por que preocuparnos, porque mas allá del umbral, nos espera un amor, que a la vuelta volveremos a ver lo que sea que nos haga bien, que cada segundo disfrutado es un segundo menos del cual lamentarse, ambos tenemos en cuenta nuestro alrededor pero sin dejarnos absorber por él o sus causas y consecuencias, no olvidamos que con sólo cerrar los ojos un instante, tenemos nuestro segundo de paz.

Buenos Aires llora y yo también, y nadie puede escucharnos.



Texto viejo... Bastante, de las tardes en microcentro.



Lo prometido es deuda, acá estoy el Lunes posteando, después de un finde familiar =], espero lo hayan disfrutado.


Rockin' in the free world...



Will.-

1 comentario:

  1. Imagine there's no heaven... no hell below us, above us only sky.
    Hermoso mi amor.-
    te amo.

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