Él tal vez


Una fiesta atestada de mentiras, de engaños y nada que festejar, ni una festividad, dos personas fuera y un mundo de farsas dentro, gigantes del camuflaje y el desastre.
Un cielo negro, limpio, puro, un par de signos de admiración solos que buscan en el verde y tierno pasto del parque la soledad de la que hablan los que conocen de privacidad.
Ella separa los labios, cuenta la historia de las lágrimas del cielo, una estrella que llovía sobre el espacio abierto y mágico. Él cierra los ojos, a su mente llega una canción de esas que terminamos tildando de “Clásicos”, comienza a cantar en tono calmo y sentido, como si la sufriera, como si viviera cada letra y acorde de ella, canta con el alma y ella deja a su alma bailar.

Un vaso para cada uno, elixir de la des-inhibición, orgullo de los desvergonzados, prisión de los arrepentidos y excusa de los que esperan un motivo para despilfarrar eso que viven ocultando.
Se pelean por quién sabe qué, se ríen a carcajadas como si estuvieran en un cubo de cristal, como si a su alrededor no hubiera nada, se vuelven adictos a la risa mutua, se esquivan y se agolpan, tropiezan el uno con el otro y ambos con el mismo rumbo, caen al borde de un abrazo mientras el techo ahora es de nubes grises que lloran tiernas gotas de lluvia que envuelven el ambiente y parecen vestirle de  blanco y negro, todo parece cada vez más ficticio, todo parece más real, todo parece una ilusión que viven con intensidad.
Con un suave movimiento de su mano él le pide que cierre los ojos y sienta la lluvia, mientras, describe con palabras cálidas el momento que viven como si lo estuviera escribiendo con tinta púrpura en la tormenta grisácea que incrementa su intensidad, su furia y su humedad.
Hablan de casualidades, hablan de perpetuidad, hablan de los sueños y la memoria, hablan porque el silencio los incriminaría y así fue. Tan sólo el hueco entre una frase y la otra bastó para perder la cordura y ganar la libertad, él cayó en un trance de imprudencia y ternura con vestigios de pudor, la miró fijo, como una abeja hipnotizada por la dulzura de la miel, pero con instinto animal y decidido, calló, como si supiera que su voz era un complemento innecesario, no tembló ni un instante y con absoluta calma la besó como si del choque de sus bocas dependiera el futuro de la humanidad, ella vibró una décima de segundo, lo miró y le pidió la eternidad y él, amable y complaciente la tomó del cuello y la volvió a besar, esta vez con más intensidad, como si se conocieran de toda una vida, como si el fin estuviera cerca, como si estuvieran despidiendo sus almas de este mundo, la lluvia no cesó en ningún momento, los empapaba para esconder de los pudorosos el la lujuria que ellos desplegaban.
El alrededor se transformó, de a poco fue volviéndose hogar, dormitorio y colchón, con una voz impaciente aunque sutil él le preguntó sobre su debilidad, ella contestó con un susurro de sus labios junto a su oído, ambos cerraron los ojos como profetas prediciendo el fin, o el principio, la tomó de la cintura atacó una vez más con sus labios húmedos, ninguno objetó, nadie los detuvo, cayeron lentamente hasta quedar recostados, el tiempo acompañó, le dio a ambos ese poco común privilegio de que todo parezca perpetuo, tierna y lentamente se acariciaron, se amaron por una vez, por una vida, dejaron de ser simples seres humanos para convertirse en pasión, pasión que hoy un loco plasma en un texto crudo y sin sentido, es que tan perfecta historia sólo se da una que otra vez, pero no es ese el final, ella abrió sus ojos, lo buscó, revolvió sus sábanas y aún no entraba en razón, otro sueño le mintió, la convenció de ser real y la dejó con las piernas temblando y el corazón sin amor, sentía aún sus manos en la piel, sentía la tersura de sus labios en su boca y en su miel, esta vez no fue, esta vez no es, esta vez es otra historia ajena que entre sueños nace y entre sueños habrá de perecer, hasta que otro día, en otro lugar, alguien se atreva a volver a soñarla, ella otra vez, tal vez él, quizás ambos la sueñen juntos en un mismo lugar, en una misma cama, en un mismo sueño o un mismo atardecer, cuando se encuentren otra vez en el texto de un escritor ausente o en el suspiro de un orgasmo silente.

No siempre una gran historia es la propia, no siempre es real, no siempre es historia.

Will.- Tigre.-

1 comentario:

  1. Si lo tengo que describir en una palabra seria "Innovador"

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