Racha de oferta y llamas.

Quizás no lo intente de nuevo mañana, quizás se apague el faro de este buque crucero, quizás el tic tac se cierre a la nada y en esta balada villana un Martes por la mañana encuentre un tiro de nuevas jornadas. De Lacroze a las voces, a los pasos, de Gardel en taburete a la plaza Mafalda, juré a la sombra de los collares iluminados, cumplí a la luz de la audiencia de tu mantra, la cura de Bayer, la guitarra de Mayer, la fortuna de Dublin, el postre de Turing, mandala trunca, trancos, palanca, doblar mantra, romper las pantallas, girasoles, mirame, no goces, un guiño, cintura y colmillo en bocados, distancia a la gracia, los viajes del río, choferes conocidos, al pan, pan, alivio al vilo del filo, dilo, no, grita, invita a mis primeros instintos prestos al peligro, resuelvo en los elásticos de tu coraza al desamor de mi náufrago final perlado, fuentes, morados, jurado, hurtado, multado por el favor de no escapar de lo robado. Desesperado en una mano busco palmas palmando, golpeo, me cubro, me curo, curto y cumplo, cuando culpo, crudo esculpo, helado río volviendo caminando al estrecho mal logrado, mal venido, vuelto en limosnas y propinas reseñadas sin borra, sin café, sin gloria, en la repetición acabado, eterno y descarado, enredado bajo las mantas de tu éxtasis vocabulario, como murciélagos y gatos, como baños para escaparnos, escaparates encantados, soltando la gravedad me siento más liviano, mano a mano, el robo frustrado de los besos embriago, cata y degustación, de la falta, la desolación a la plenitud, reinvención, de la resignación a la revolución, de la alcancía al espacio sideral, de la química al fin del mundo, universal.

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