
Fuegos de artificio, artífices de una magnífica y subllime historia que es pura verdad, cultura matemática en prosa y efectos especiales de las campanadas nupciales anunciando rimas espaciales, del nunca al jamás, de lo que odias al amar y amas al regresar. Risas marginales del tercer mundo, prisas naturales del primero y sus especialistas en ser robots del capitalismo, como los que dijeron que no podría, los que jamás creyeron que me verían en la cima, la tormenta se avecina, es el zarpazo del felino que desgarra el cielo en el equinoccio imperecedero, la noche del canto sereno, el día que dije basta y desarmé el mecanismo que me ataba a lo que debemos, esprintando espinas de rosales muertos, dando a los jazmines el perfume de sus senos, a estos el aroma de mis deseos y a mí el placer de poseerlos.
Mucho ruido pero nadie puede oírlo, es el árbol del proverbio, la caída de un gigante, de un sobervio y no podrás verlo, cuatro paredes en lugar de un bosque, tres decenas y un adverbio, el del tiempo que escurre entre tus dedos por muy fuerte que el puño cierres, el café que se deben los que en ilusiones se recuestan para mantenerse en pie y luchan día a día por ese deseo que piden y esperan, por el que viven y sonríen, el desvelo por verse, el destino que emerge poco a poco entre sus sienes, la cuenta regresiva que al llegar a cero será acero inoxidable, forjado entre pretensiones de paz, muecas de concilio y sabiduría de exilio, ebrios de duda, abstemios de verborragia y bañados de paridad.

Buen Febrero para todos!
Tigre.-
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