Vestidos de rojo pudor.



He visto tus ojos al leer, te he visto con tus manos mover las nubes recostada en el césped embriagado en el primer rocío de la mañana, con tus pies descalzos y tus pechos de sal libres. Labios rojos, piernas sublimes, una fiera embravecida frente a un Tigre con el instinto por los cielos, una jungla de ideas, un manantial de sexo entre las mentes, próximos al estallido como una supernova de pasión, tan cerca y a la vez tan lejos, tan enamorado de tus ojos negros como de mis secretos, tan impaciente por encerrar con mis brazos tu cintura y no despegarte de mi piel. El mundo huele a miel, sabe a cereza y huele a jazmín, el mundo acompaña mi sed como si yo pudiera beber de ti, como si morder tu cuello y hundir mis dedos en tu espalda saciaran mi hambre y mi ansiedad, faltos de miedo, capaces de volar y volver a despegar, tomarte por la cumbre de tus piernas, alzarte por sobre mí y que tu frente alzada toque el cielo mientras te aferras a mis mejillas con tus palmas transpiradas derrochan bochorno.

Huimos hacia la escalera que nos guía al paraíso, un boleto de ida al infierno, el infierno de tu sexo y mi ropa golpeando el suelo, rojo perlado, reinas sin coronas y campeones del mundo sin trofeo. Quiero sanarte con mis manos, quiero ver tus mejillas embellecerse con el rojo de tu pudor y la ironía del final al que llegamos, quiero perder la paciencia mientras otro se ocupa de musicalizar la locura de un ejercito de desconocidos, conozcámonos mejor, más allá de la piel, de los eclipses y las constelaciones, ya conozco tu risa, conozco tu mirada cómplice y entiendo que tienes algo que yo quisiera más que a respirar, sentir el silencio de tu orgasmo al despertar.

Odio redundar pero eres un descubrimiento al que amo volver y volver es redundar, eres ese detalle que te hace algo distinto y peculiar, algo fuera de todo el montón, algo digno de recordar. Odio repetirme pero mi conciencia sabe de mis debilidades y sabe de ti; si hasta parece que te prefiere por sobre su descanso, asumo que a eso se debe despertar por la madrugada bebiendo de los besos que desparramas por mi cuerpo entre sueños.

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Buen fin de Agosto, no leemos el mes que viene.

Tigre.-

Artilugios de artificio.

Como un piano sin cuerdas ni ébano la vida se vuelve una antigua pieza cinematográfica, vida en blanco y negro, vida muda, muda de palmas, muda de almas, desnuda vida, desnuda como una nuez tras la noche buena, desnuda como tus muslos tras la buena noche, desnuda como el champagne bebido, desnudo y amargo como la vida, amarga y esclava. Procura liberar las palabras, cuando la melodía se ausenta entre líneas es la armonía de tu esencia que aromatiza y devuelve lo que la monotonía amenazó llevarse, cantar un tango, silbar un soneto a la madre de tal, saber cuál es cuál, quién es quién, de dónde y hacia dónde.

No olvides que también tú tienes una voz, que incluso al final del pasillo, cuando frente a tus pies sólo encuentres un abismo y la inmensidad abarque tanto como tus ojos puedan "no ver" gritarás y pese a la ausencia de amigos y amores será tu propio eco quien te de el "Adiós" del final y así serás tu último confidente, quien firme tu sentencia y te de la bienvenida a lo que está por venir.

Digamos que olvidas tus manías, digamos que tus tijeras pueden cortar la sensación de soledad a la hora de la merienda, o que la misma obsesión que no te deja dormir es la que te mantiene en pie frente a lo que el tiempo se llevó mientras el cine hablaba de una guerra de ficción y automóviles fantásticos.

Son tus lentes empañados y tus ojos iluminados por dicroicas la medicina que necesitan los mediocres, la suerte de tus artilugios es pólvora para los fuegos de artificio a la espera de las primeras luces de Mayo junto al puerto del río pardo donde te escribí una de las piezas más bellas de mi repertorio literario. Separa tus labios rojos sólo si teñirás de escarlata los míos. Te observo atónito por la perfección de los pliegues de tu piel, sin etiquetas, vistiendo de gala mi cintura bajo la constelación prohibida del bemol olvidado en la rodaja de limón que mordiste bajo la última lluvia del mes perdido, el año en que la eternidad fue tan sólo una porción del instante que el infinito nos obsequió.


Tigre.-